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#26.- Londres

Buenas lectores, hace más de una semana que no actualizo y es que he estado muy liado en mi regreso a España, la llegada, los días en Madrid, mi viaje a Ibiza, los preparativos de la mudanza, el retorno a la capital, instalarme en mi piso y la primera semana de clases en la Universidad… imaginaos. Pero aquí estamos de nuevo.

La entrada de hoy ha sufrido problemas técnicos aparte del retraso, me encontré con que perdí la mitad de las fotografías que tomé en Londres, seguramente en algún fallo por mi parte al creer que he pasado fotografías antes de formatear la tarjeta. De todos modos no os quedaréis sin ver de qué trata la película, ya que utilizaré algunas fotografías de Internet para ilustraros mi vivencia. Dicho esto empezamos.

De mañana desperté en mi cómoda habitación del alojamiento de la universidad de Plymouth, pudiendo decir que es el sitio donde mejor he estado sin ser hotel. Me daba un poco de pena tener que abandonarlo pero mi camino debía continuar y tenía ilusión de conocer la capital de Inglaterra, hice mis mochila y recogí la botella de leche de la nevera aunque imaginé que estaría completamente cortada. Ah! Espera, que no os conté el incidente de la leche… resulta que la primera noche compre algunos alimentos con intención de que me sirvieran de cena y desayunos, entre ellos contaba con una botella de leche de medio litro (aquí no hay nada en tetrabrik), la cual puse en la nevera a la espera de la mañana siguiente. Pero cual fue mi sorpresa al recogerla dura como una piedra, pues ese aparato no era una nevera sino un congelador, la mujer de la limpieza rondaba y se dio cuenta de mi error, soltando un gracia a la vez que me indicaba cual de los frigoríficos hacía la función de nevera. Finalmente esa última mañana pude encontrarla en estado líquido, aunque cortada y de aspecto amarillento poco agradable. Fue directa a la basura. Solucionada la crisis marche al tren, donde cogí trayecto directo a Londres, por el camino entablé conversación con una señora, que iba a visitar a una amiga, me recomendo ver una exposición de arte moderno en el barrio Southbank.

Llegué a la estación de London Paddington a mediodía, me hizo gracia apearme en esta estación de la cual había oído hablar más de una vez y que aparece en uno de los míticos vídeos de elRubius. Tratando de no imaginarme como uno de esos pixelados deformes procedí a penetrar en las profundas tripas del metro londinense, dirección a London Bridge, donde el St.Patricks Hostel, con su característico “Belushi’s Bar” en su planta baja, me esperaba con una reserva.

Deje los objetos y con tiempo suficiente para explorar la ciudad aquella tarde empecé a andar con dirección al London Bridge, para mi primera toma de contacto con la ciudad cruzada por el río Támesis. Hay que decir que toda la fachada que da al río tanto en una orilla como en la otra esta llena de edificios de una espectacularidad arquitectónica fascinante. Me llamaron la atención tanto un altísimo rascacielos de cristal “The London Shard” con forma piramidal como el “Nº1 de London Bridge” que hace esquina de cara al río, con forma de cubo cortado.

   

Como no podía se de otra forma, no tardé demasiado en escuchar voces que si bien no son conocidas si me llaman la atención al hablar en castellano, o como es el caso que ahora os comentaré, en catalán. Yo como ibicenco que soy mi lengua materna siempre fue el homónimo de mi gentilicio, un dialecto del Catalán caracterizado por el acento salado de las Islas Baleares. Normalmente entro a la gente con la broma de “estamos en todos lados ¿eh?”, y empezamos una amena conversación. Se trataba de una familia barcelonesa de mediana edad con una hija adolescente, nos contamos un poco nuestras historias mientras cruzábamos el puente, me dieron algún consejo sobre qué visitar, aunque solo llevaban en la ciudad un día así que tampoco la habían explorado demasiado, la conversación no se alargó en desmedida pues nos separamos en la otra orilla, pero se agradece encontrarse y charlar con gente cercana a tus origenes y con tu lengua materna.

Ya en el London Bridge se puede disfrutar de unas preciosas vistas del famoso puente levadizo Tower Bridge, decorado con los anillos olímpicos, con la Tower of London en su orilla izquierda y ya más cercano en perspectiva el destructor  “HMS Belfast” en exposición.

   

No tenía planteada una ruta exacta como lo hiciera anteriormente en París, de todos modos los puntos de interés de esta gran ciudad están muy repartidos, siendo clave las cercanías del Río Támesis donde encontraremos Tower Bridge, la torre de Londres (donde están las joyas de la corona), el BigBen junto al parlamento, el O2 arena y como no la gran noria conocida como “Eye of London”.

Lo más cercano a mi era la Tower of London, cruzando el río tomando rumbo Este, de camino me crucé con el London Monument, consistente en una base decorada con motivos bélicos sobre la que se yergue una ancha columna que asciende hasta coronarse con unas esferas doradas.

   

Las calles laberínticas daban una sensación cerrada entre edificios tan altos, entre ellos destacar que me crucé con la sede olímpica del equipo nacional francés, rodeada por una cadena de gente formando una cola para visitar el centro bretón con esperanza de ver a alguno de sus deportistas. Los caminos me llevaron de nuevo a la orilla del río, flanqueando lentamente el destructor ingles que reposaba tranquilo en la otra orilla.

Finalmente alcancé la Tower of London, la antigua fortificación donde vivieron antaño las familias reales británicas. Me comí un helado en el exterior parandome a mirar las esculturas de un león y dos leonas formadas por malla metálica, en pose defesiva de los terrenos que la rodeaban. El perímetro exterior de la torre no esta decorado por majestuosos jardines, sino por una extensión llana de tierra cuvierta de raso césped que separaba unos 30 metros las murallas de la metropolis, como si en esa parcela no hubieran corrido los años y aún mantuviera el campo despejado para poder avistar al enemigo acercarse de lejos. Al menos eso esperaban los metálicos arqueros con sus armas cargadas en los baluartes.

  

   

En la entrada largas filas de turistas esperaban su turno para adentrarse dentro del complejo y ver de primera mano las famosas joyas, a mi no me llamaban más la atención las gemas que la magnificiente fortaleza, y si bien son una visita interesante, preferí dejarla para futuras visitas de las que disfrutase de más tiempo y paciencia.

Volví al sistema de metro, con mi habitual ticket de 24 horas de libertad en el sistema de transporte metropolitano, esta vez me dirigí en dirección contraria hasta la doble curva del Támesis donde reposa el parlamento, la parada de metro es “Westminster”.

Nada más salir a la superficie te topas con el habitante más álto y famoso de Londres, conocido en todo el mundo: “Big Ben”. La torre en uno de los extremos del parlamento que asciende mostrando la hora a toda la ciudad, justo tocaban las 17h y dejó escuchar sus profundas campanadas. La esfera numérica es más bella de lo que uno atisba en las fotografías, sus acabados en negro y oro hacen juego con el color de la roca que lo sustenta y las sobras que brotan de cada dibujo y arco, no podeis quedaros sin verlo al visitar la capital inglesa.

   

Bordeando a Big Ben encontramos el edificio conocido como “Houses of Parlament”, todo aquel que haya visto la que para mi es una obra maestra del cine “V de Vendetta” recordará con alegría ver volar por los aires este símbolo de poder en la adaptación del comic. Sin embargo una vez lo tienes delante te da pena imaginar que un edificio tan bello salte por los aires. Este edificio de tendencia Gótica, como si de una catedral se tratara, resulta ser el parlamento más interesante de los que me he cruzado. Los policías con su vistoso casco rematado con su vistosa placa forman guardia en las entradas y parece que solo un sector del interior es visitable.

   

A su lado esta la plaza “Parliament Square”, donde muchas estatuas de figuras importantísimas de la historia, tanto inglesas como internacionales, gobiernan el perímetro. Un ejemplo es Abraham Lincoln. (Aquí ya empiezan mis fotos)

También pase junto a la iglesia/catedral de “Westminster Abbey”, aunque reparé más en su nueva estátua metálica de una bailarina sobre el mundo, supongo que inspirado en los juegos olímpicos de este año.

   

Revisando el mapa que recogí en el albergue descubrí que una larga avenida me dirigiría a través de unos grandes parques hasta el Buckingham Palace, la actual residencia y palacio de la familia real. El estómago me rugía pues no había comido nada, así que pare en un puestecillo de este “Birdcage Walk” a comprar un Hot Dog con patatillas, el cual disfrutaría mientras lanzaba pequeños trozos de patata y pan al suelo, provocando una batalla campal de cuatro palomas, divirtiéndome con su comportamiento y sus maneras de imponerse (que básicamente es correr hacia la otra para que se aparte). Al final apareció un ave completamente desconocido para mi, con largas patas de un verde apagado, un plumaje negro rematado en un pico medio rojo, medio amarillo. En la figura podéis ver a esta esbelta criatura que despacho a las palomas solo con su presencia.

   

Llegamos al Buckingham Palace, enfrentado con una gran rotonda que si bien no sabía si era peatonal o vía de transito de vehículos. Los céspedes estaban llenos de jóvenes retozando, unos con sus parejas, otros bebiendo con amigos u otros de siesta.

   

El palacio estaba cerrado por un perímetro de vallas negras con decoraciones doradas, las parejas de puertas lucían el ostentoso escudo de la casa real, con los leones como principal motivo. Como curiosidad os comentaré que entre mis pertenencias en casa se encuentra una gran tienda de campaña capaz de albergar hasta 10 personas distribuidas en 3 compartimentos que usamos habitualmente durante las acampadas de verano en las playas ibicencas, a esta gran tienda la bauticé cómicamente como el “Bokkingham Palace”, en referencia a mi “Nick”.

   

El palacio es grande pero no espectacularmente bello, no lucen grandes adornos arquitectónicos en su fachada y el protagonismo se lo lleva la guardia real, vestidos con su chaleco rojo, pantalones negros y sobretodo su sombrero de forro negro con un barbuquejo dorado que rodea el labio, haciéndome sospechar más de su cometido estético que de su utilidad. Como en muchos otros sitios la lanza es sustituida por una metralleta automática enbayonetada, manejada con destreza en diferentes posturas de formación cada vez que realiza su ritual de guardía, caminando 20 pasos a los lados roboticamente y volviendo a su posición inicial en un ciclo intermitente durante la guardia.

   

Una vez satisfecho con la fachada principal del palacio y consciente de que no vería nada más de él, giré 180º para recrearme un poco en las esculturas que dominan el “round about” o rotonda frente este. En el centro ángeles dorados levantan sus manos al cielo, mientras en la base y rodeándolos diferentes personajes de cuidado bronce encarnan las habituales profesiones antiguas, como herreros, pastores, etc. El que más me gusto fue el “Blacksmith” o herrero, que posa con su delantal y maza junto a un desafiante león.

   

Continué mi ruta por el gigantesco “Green Park”, con dirección al arco de Wellington. El parque era espectacular, grandes arbole sanchos como 6 personas dan sombra a todos aquellos que quieran detenerse en la tranquilidad a un paso del ambiente de ciudad.

Por el camino reparé en otro nuevo monumento bélico, este dedicado a los pilotos de los  bombarderos que lucharon en la segunda guerra mundial y perecieron. La estatua esta muy lograda, 7 aviadores equipados y preparados para salir a la batalla miran al cielo con caras muy realistas, a sus pies fotos y recuerdos de “abuelos” y “tio-abuelos” son recordados por sus familias, algunos explicando incluso sus historias personales haciendo una idea al visitante del drama humano que debió vivirse hace 70 años.

   

Continuando llegué al arco de Wellington, admirandome con él y las “Memorial Gates” al final de la “Constitution Hill”. Muy cerca de él otro monumento bélico dedicado a las tropas australianas, con muchos nombres de los caidos. Un escudo me resultó muy vistoso, flanqueado por un canguro y una avestruz. No era el último de las estatuas pues que aún faltaba otro más a los artilleros, representado por una batería tierra-aire de roca.

   

   

De nuevo en el metro me moví desde la “Hyde Park Corner” hasta la estación de “Picadilli Circus”, cambiando hasta “Waterloo Station” en dirección al London Eye en la zona conocida como SouthBank, el cual me había recomendado la mujer en el tren desde Plymouth. Salí de la estación y ascendí hasta Waterloo Bridge, cruzandome con un gigantesco edificio redondo que resultaba ser un cine IMAX (BFI). Estuve muy tentado de entrar, pues hace más de 10 años que no voy a una de estas salas, di una vuelta a la rotonda buscando cual sería la entrada sin éxito, imaginé que estaba en el subsuelo, seguro que algún centro comercial estaba activo  varios metros debajo de mis pies. De todos modos continué mi caminata.

   

   

   

Ya en el puente Waterloo tome unas cuantas fotografías más, viendo como una macropalmera realizada con lo que yo creo que eran alfombras enrolladas se erguía casi por encima de los edificios de Southbank. Encontré unas escaleras para bajar hasta este. El barrio bullía en pleno festival del arte, las calles estaban llenas de esculturas extrañas, pintadas en las paredes y alguna foto tan curiosa como la de las escaleras de avión.

   

   

Llegué a un mercadillo lleno de puestos de comida, incluso había españoles entre ellos vendiendo paellas y “iberian ham”. Me pille un crepe de plátano y chocolate para ir disfrutando mientras caminaba bordeando el Támesis.

   

Mi merendola iba terminándose al adentrarme en los Jubilee Gardens, otra escultura bélica aunque esta mucho más modesta alababa el papel de las tropas “extrangeras” del ejercito francés que ayudaron en la II Guerra Mundial, principalmente los soldados españoles que lucharon del bando aliado y que escapaban del régimen franquista.

   

Pero lo realmente espectacular de los Jubilee Gardens es una de las principales atracciones londinenses, el “London Eye”. Como de esperar estaba a reventar, como muchas otras atracciones que puedes encontrarte en las grandes ciudades, si tienes tiempo valdrá la pena esperar la hora de cola que yo calculo, de todos modos no es mi caso así que seguí adelante.

   

   

   

En ese paseo del río se llenaba de puestecillos sobre cultura japonesa, cerca de allí se encontraba el acuario de Londres, con una gran estatua en la entrada y donde la gente se sacaba sus fotitos. Yo me saqué mi propia foto con la mascota, ya que tiene un significado especial para una amiga mía y seguro que le hace ilusión, aquí te lo dejo peke, pa ti va dedicada ;):

El último tramo de la jornada lo hice contemplando las vistas de desde el Westminster Bridge, con las pocas fotos que he salvado del parlamento, y de nuevo en vivo desde el escenario de la parte final de la película “V de Vendetta”. Llegué a la parada de metro con ganas de llegar al hostal y relajarme tras el largo día de caminata. Aquí acaba la entrada, pronto nos veremos, recordad que calculo que el blog tenga unas 50 entradas en total, seguir visitándome para enteraros, gracias por vuestra paciencia 😉

   

   

 
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Publicado por en 15 de septiembre de 2012 en 06. Inglaterra

 

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#25.- Plymouth: El Eden Project.

Llegué a Plymouth a mediodía, los paisajes de la ciudad son de lo más ingles. Largas colinas cruzadas por rectas calles atestadas de casas adosadas, cada una pintada de un color distinto a su anexo, que bien me hace plantearme un intento de mantener la individualidad en semejante armonía de casas gemelas o si su intención inicial era recrear esa serpiente arcoiris que adorna los límites urbanos.

Como siempre me perdí nada más empezar, cosa fácil en una ciudad que sube y baja cual montaña rusa, una dependienta de un supermercado al lado de una rotonda me redireccionó entregándome un mapa. Llegué a una gran rotonda que albergaba una plaza en el centro, más abajo del nivel de la carretera. La atravesé evitando los carriles bici habituales y finalmente enlacé con la calle que buscaba y que daba al campus.

El alojamiento es diferente esta vez, no se trata de un albergue, hostal u hotel, sino de la residencia de la Universidad de Plymouth, que en verano abre sus habitaciones a los turistas que deseen pasar algunas noches en la ciudad. Pregunté en la recepción del edificio principal y me mandaron un par de manzanas más al este, donde se encontraban los edificios de residencias.

Al llegar a la recepción de estas les entregué los papeles que me adjuntaron con la reserva a mi visita al Eden Project, al principio parecían algo perdidos pero finalmente me dieron la llave.

Me alojé en la planta baja de un edificio colindante, las habitaciones no eran tales, pues directamente te daban la llave de un pequeño estudio con baño y ducha individual que aseguraban una estancia cómoda y gozando de toda la privacidad e intimidad deseadas.

Mi estancia se prolongaría dos noches y aproveche el día de llegada para relajarme y dar una vuelta. En las habitaciones había Internet lo que pasa es que no había wifi, así que tuve que salir a media tarde a comprar un cable de red, ya que el tiempo que iba a estar ahí ya bien me merecía poder conectarme a placer. En mi expedición a comprar el cable me encontré con que la mayoría de las tiendas estaban cerradas a eso de las 6 de la tarde, tuve muchísima suerte de encontrar una gran superficie que estaban apunto de cerrar y que tuviera el cable en cuestión, volví y me preparé un poco de la comida que había comprado el día anterior en Bristol y que guardo en una bolsa dentro de mi mochila. A lo largo del viaje he ido viendo una serie de películas que tenía pendientes, ya os comenté en mi noche a la intemperie nada más llegar a Inglaterra, que me vi la de “El Club de los Poetas Muertos”. Esa tarde visioné Origen (Inception), una película bastante interesante sobre la manipulación mental a través de los sueños y como se aplican las capas dentro de estos, modificando la percepción temporal en cada capa. Es una de esas películas que vale la pena ver. Mientras la veía en el escritorio disfrutaba a la vez de la “cena”, consistiendo en un caprichito de Doritos con Salsa Dipps picante, que adoro, y un pequeño pastel de carne congelado que tuve que meter al horno de la cocina comunitaria del piso durante casi 40 minutos.

Después de la jornada de descanso toca volver a la carga, así pues de buena mañana volví a dirigirme a la estación central de Plymouth para tomar rumbo al pueblo de Cornwall de donde salen los autobuses hacia el Eden Project. Mi visita ya estaba planeada y reservada en Internet, disponía de mis papeles de entrada con unos cuantos cupones de regalo/descuento que te mandan en el mismo e-mail, solo tienes que imprimirlo y entregarlo, como os dije el hospedaje en la universidad de Plymouth también lo conseguí a través de esta reserva en la web de: http://www.edenproject.com.

Llegué a Cornwall, justo en la salida de la pequeña estación de tren se encuentran los distintas paradas de autobús, con varias líneas que te llevan a varias direcciones. El autobús rotulado con el “Eden” caía en el extremo derecho y estaba apunto de partir, me subí sin coste añadido y en el trayecto de unos 30 minutos me dejó en el parking banana del EP. Cabe decir que el recinto es gigantesco, antiguamente consistía en una mina abandonada que fue completamente reestructurada para albergar este macro vivero. En la parte alta se encuentran los distintos espacios para aparcamiento, tanto para vehículos privados como para los autobuses.

Desde mi posición aún no era capaz de ver las famosas cúpulas blancas formadas por segmentos hexagonales, pero no tardaría mucho en llegar a ellos. Descendí por el camino que llevaba al edificio de entrada de la mina descubierta. La típica tienda de souvenirs da la bienvenida (a la vez que despedida y reclamo de merchandising), en las paredes se pueden repetidas veces como fue la reconstrucción de la mina y como se construyo el gran parque que ya cumple 10 años desde su apertura (sí, están de celebración). Llama la atención la figura caballo formado por ramas secas.

Es un dato curioso el motivo de mi conocimiento de este parque temático, en el segundo curso de FPS de Prevención de Riesgos Laborales contábamos con la asignatura de inglés magníficamente impartida por mi profesor Juan Ramírez, apasionado de la lengua inglesa. En el temario de los libros encontramos la información de este parque, como se ideo en un bar (como muchas otras grandes obras) del sur de inglaterra por dos soñadores que no cesaron en su empeño de crear este gran proyecto, buscando financiación de distintos lugares y llevándolo a cabo.

   

Tras entregar papeles y recibir mi entrada junto a una guía explicativa, me dirigí al exterior, ya desde la alta posición alta del edificio de bienvenida se podía contemplar en todo su esplendor la grañidísima estructura descubierta. El Eden Project se compone por 5 edificaciones y varias zonas a modo de jardines temáticos. Los edificios son la entrada, “The Core” con su cantoso techo inspirado en la distribución de semillas de un girasol, el Bioma Mediterráneo y el Bioma Tropical en forma de cúpulas blancas y una especie de edificio de actos en el centro.

   

Empecé accediendo al edificio de techo oscuro por su piso superior, enlazando desde la entrada por unos caminos que llevaban a un puente colgante y de este a la cafetería de la planta superior del mismo.

   

Allí me tomé un bocata no demasiado bueno, pero energizante, el balcón interior permitía ver lo que sucedía en la planta baja, donde muchos niños correteaban entre complicadas maquinarias, una de ellas movía consistía en un mecanismo que mediante la acción de una palanca daba vida a un circuito cerrado donde palancas, bolas, placas y otros elementos se movían de arriba abajo.

Antes de bajar me acerqué al balcón exterior que coincidía con el centro de la estructura oscura del techo. Desde esa posición se apreciaba que las escamas que formaban el conjunto y daban color a ese techo eran en realidad placas solares. En ese circulo habían unas cuantas mesas más para quien quisiera disfrutar de su desayuno al aire libre, las paredes eran en realidad fotografías especiales que se obtuvieron mediante la inmersión de negativos en agua expuestos a tenue luz, retratando ciertas formas acuáticas, aunque el sol ya había quemado la superficie de la mayoría, haciendo difícil interpretar exactamente las imágenes.

Una entreplanta antes de llegar al suelo repetía la forma circular del techo, el pasillo cerrado estaba decorado con diferentes muestras de cómo la naturaleza utiliza las matemáticas y modelos geométricos y como han inspirado al hombre, mediante algunos ejemplos en los que se ha aplicado a la tecnología y mecánica sistemas que vienen de la naturaleza. En el extremo opuesto de la entrada un pequeño balcón da al centro del circulo, donde se alza desde la planta baja la “Semilla”, una escultura de piedra con forma de huevo con un relieve plagado de bultos colocados siguiendo una formula matemática de distribución que puede encontrarse en varias plantas.

   

En la planta inferior los niños disfrutaban de su particular zona de ocio y formación. La película de animación Lorax estaba presente con multitud de displays de cartón de sus personajes repartidos por la planta baja, además de contar con una sala donde se debía reproducir algún corto relacionado con la película y el Eden Project. Eché una ojeada a una planta aislada en el interior de una cúpula conectada mediante unos tubos a otras más pequeñas en las cuales se explicaba las distintas maneras en las que una planta se mantiene viva y los procesos que engloba, desde la fotosíntesis a la obtención de nutrientes del suelo.

   

Terminé ahí, pero tuve que esperar un rato pues una lluvia intensa y fugaz apareció de la nada encerrando a los visitantes en los edificios a riesgo de un fuerte remojón. Pasado lo peor avancé hasta los biomas, unidos en su centro por un gran restaurante.

   

   

   

Empecé visitando el bioma Mediterráneo, algo bastante común para mi pues reconocía muchas plantas. Los biomas muestran la flora más salvaje pero sobretodo como el hombre ha actuado sobre este con el cultivo y cuales han sido los frutos más explotados de cada lugar. Distribuidos en distintos huertecillos se encuentran las diferentes plantaciones, en los viñedos una serie de estatuas me dejaron un poco… extrañado, pues simbolizaban alguna especie de rito o celebración entre duendecillos de aspecto humano-diablillo tocando instrumentos y un toro andante, bastante Random/WTF.

   

   

   

Otro protagonista era el árbol del corcho, rodeado de figurillas realizadas con dicho material, en este caso una piara de cerdos/jabalíes de corcho.

   

Luego encontré una de mis pasiones… Guindillas! Al parecer las guindillas y su picor se pueden medir mediante la “Escala Scoville”, homónima de su inventor que mide la cantidad de “capsaicin”, el compuesto químico que estimula las terminaciones nerviosas en piel, boca y ojos. La escala se mide en “SHU’s” o “Scoville Heat Units” o unidades de calor Scoville. Estas van desde el 0 hasta los 15Millones, siendo la guindilla más potente la Naga Pepper que alcanza 1,6millones en la escala. Os pongo unas fotos para que comparéis, entre ellos están los pimientos de padrón españoles que alcanzan 3000 unidades. Cada plantación tiene su termómetro que indica su fuerza dentro de la escala, ¡es bastante divertido! Fijaos que la Naga hasta esta vallada para que a nadie se le ocurra meter la mano y probar teniendo un infortunio…

   

   

La siguiente parada fue el Bioma Tropical, el más grande de los dos. Lo primero que sientes al entrar es la gran diferencia de temperatura y humedad que notas como aumenta hasta cerca de los 35 grados al 80%. Es bastante sofocante y en la entrada se acumulan nuevos turistas quitándose prendas y aquellos que no lo hacen pronto se descubren en medio de un mar de sudor. La punta de un barco emerge de entre las plantas, simbolizando los cultivos que se han traído desde las Américas a Europa, a su lado un montón de cajas de madera apiladas recuerdan como sería el comercio de estos en los siglos pasados. Hay varias representaciones de este tipo por todo el bioma, las plantas que son más fáciles de reconocer son los típicos bananeros, cocoteros y palmeras tropicales.

   

Aunque también nos rodea la vista una vasta gama de flores y plantas que no habremos visto nunca, con sinuosos bulbos de todos los colores y formas, que se cierran con sus pétalos creando todo tipo de bellas formas.

   

El bioma es tan grande que tiene sitio incluso para algún pequeño arrollo y cataratas artificiales, en ellos viven distintos animales como sapos y arañas que ayudan a prevenir la infestación de posibles insectos dañinos para las plantas. Se avisa de que no se les de de comer pues los cuidadores se aseguran de que estén bien alimentados, no había dicho que en todo el complejo hay una enorme cantidad de trabajadores, varios centenares a la vez y no me sorprendería que llegasen al millar. Entre jardineros, guías, tenderos, camareros, cocineros, panaderos, seguridad, mantenimiento, electricistas, limpiadores, etc. Ya os podéis hacer una idea de cuantos puestos de trabajo ha traído este proyecto.

   

Hay plantas de todo tipo así que o y a simplemente enseñaros las fotos de ellas para que podáis haceros una idea de cómo luce el bioma en sí mismo. Hay incluso una plataforma en lo alto para aquellos que quieran verlo desde arriba pero la cola era tan larga que me daba pereza pararme a esperar una hora larga o quizá más hasta que llegara mi turno en un ambiente tan caldeado, imaginaos el calor que hace que por los diferente senderos se pueden encontrar algunas salas de frío, que se tratan de cabañas de madera refrigeradas a unos 20º donde la gente pueda retomar fuerzas.

   

   

   

También esta el espacio crítico, representado por alguna zona quemada con textos explicativos del tipo “un área del tamaño de este bioma desaparece de los bosques primarios cada 10 segundos” seguido de explicaciones sobre como la formación y el entendimiento de nuestro sistema puede hacer que en el futuro se eviten este tipo de aberraciones. Además varias esculturas recicladas de basura con forma de flores y plantas dan una visión irónica que hace pensar en el tratamiento de residuos.

   

Me sorprendió la piña, pues nunca antes había visto la planta de donde sale, yo imaginaba que se trataría del fruto de algún árbol, pero resulta que se crían en el suelo cual patatas o sandías.

Podemos encontrar incluso árboles de caucho, de donde sale esta goma que tanto empleamos en neumáticos, la fabricación de látex, etc.

   

Fuera del bioma me adentre al fondo donde senderos serpenteaban por grandes jardines ambientados en los cultivos de la zona, otros en la extracción de fibras textiles, otros en los aromas y hasta listitos frutos más característicos de los ambientes de estas latitudes.

   

   

   

   

Las fotos ya son más de la belleza del complejo en sí, explotando sus vistas por los desfiladeros que ascienden de nuevo hasta la salida. No llegué a detenerme en el salón de actos pues estos se suelen realizar por la tarde o en la noche. Ahora solo salía un poco de jaleo de gente que parecían distribuidos por las sillas como si se tratara de una zona de descanso.

   

Así terminó mi visita a este interesante lugar, vale la pena que os paséis para echarle un ojo alguna vez si os gusta la flora. Regresé a Plymouth esa misma tarde desandando el camino que me trajo, con el autobús y el tren. En vez de ir directo al albergue decidí explorar un poco la ciudad a ver si había algo especial que valiera la pena de ver.

   

Bajé por el boulevard principal flanqueado por la zona de la universidad y sobretodo por centros comerciales. No había demasiado que ver puesto que parece que la ciudad se reduce un poco a un centro urbano rodeado de muchas casas adosadas como os decía al principio de la entrada. Alguna muralla en la zona antigua era curiosa pero la verdad es que no quise adentrarme más, ya había dado muchas vueltas ese día y era hora de volver, comprar algo para cenar y descansar. ¡Nos vemos en la siguiente entrada!

   

 
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Publicado por en 27 de agosto de 2012 en 06. Inglaterra

 

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#24.- Bristol

Buenas lectores! ¿Cómo va todo? Yo he tenido un par de problemillas últimamente, minucias pero que son un poco molestas. Se me ha estropeado el móvil, así que no podré ponerme en contacto con las amistades y la familia directamente, tendréis que usar mails o mensajes de Facebook.

Hoy bajamos del tren en Bristol, una localidad en el sur de Inglaterra. El tiempo no acompañaba pues lo primero que me encontré en la estación de Temple Meads fue una lluvia nada recomendable para ponerse a buscar el hostal. Mi libreta tenía apuntada la dirección del local y las indicaciones necesarias para llegar, pero nunca sabes exactamente en que punto del mapa te deja la salida del tren, pues te indican la situación en la ciudad pero no hacia que lado da sus salidas, es recomendable apuntarse las calles que lo rodean para luego tenerlo medianamente claro al llegar.

   

Pasé de largo una larga hilera de taxis azules, seguí caminando hasta un cruce de caminos con un río, a ver si podía orientarme, paré a una viandante y le pedí consejo, menos mal pues andaba en dirección contraria. Dejé que pasara la lluvia en un restaurante italiano cercano a la estación, atendido por una chavalita rubia bastante simpática. Con el estómago lleno reemprendí el camino.

Seguí la carretera que daba a la iglesia St Mary, una construcción gótica bastante  bella.

    

Acto seguido descendí por uno de los cruces, dirigiéndome hacia el río. Al poco llegué al principal punto de referencia, que consistía en una plaza cuadrada con cuatro caminos diagonales que se unían en el centro donde una estatua hacía de guinda de pastel.

   

Dos manzanas me separaban del hostal que estaba a pie de río, la zona en sí consistía en un embarcadero que se metía hasta una plaza llena de barcos de turismo al lado de cafeterías estratégicamente situadas para tener una buena vista y unos pequeños astilleros al fondo.

   

El albergue era bastante modernillo, la planta era prácticamente una cafetería con bastante mesas repartidas entre cómodos asientos. La barra unía con los puestos de recepción. Arriba en la primera planta un chill out en forma de valcón con vistas a la claraboya que da a la cafetería, justo encima de este estaba el salón comedor con la misma forma abierta. Más arriba de esto se encontraba la sala de conferencias, que he visto en algunos otros albergues que suelen alojar convenciones y cursos. Las habitaciones estaban en la parte posterior de cada planta a partir de la segunda, lo único malo es que no hay ascensor asi que toca tirar de gemelos. Como siempre deje la aparamenta preparada en mi cuarto y marche a recorrer las calles de la ciudad.

Recorrí el muelle al que daba la fachada del hostal, observando los variopintos barcos de “Sightseen” bajitos y alargados, un hombre de bronce no quitaba ojo a las gaviotas que se peleaban por conseguir el trozo más grande de pan que les lanzaba un generoso viandante.

   

Paré a leer la inscripción del puente que unía las dos orillas y decorado por dos… esculturas como “embudos” metálicos que se alzaban al cielo. El texto habla del hombre que da nombre al puente, un tal “Pero”, esclavo caribeño de una familia inglesa.

   

Pasado el puente se abren varias plazas a las que se puede llegar a una especie de anfiteatro pegado al río donde se deben hacer espectáculos, pasando por las piscinas y el acuario de la ciudad, hasta una especie de museo/atracción relacionado con el mundo de la animación 3D.

Cerca del acuarium encontré una de las estatuas más simpáticas con las que me he cruzado, que simula a dos perros nadando, ¡es muy fácil tropezarse con ellos!. Después una fuente minimalista donde finas capas de agua resbalan por dos superficies de metal.

   

Al fondo estaba la fanzone de las olimpiadas, con su característica pantalla gigante y los asientos improvisados, con un par de remolques con productos oficiales olímpicos a la venta y comida al más puro estilo feria de pueblo. Lo más vistoso es sin duda la esfera de cristal de la esquina, las escaleras que veis en la imagen solo daban a dos puertas cerradas y no muy lustrosas por lo que me da que no es más que un almacén vistoso.

   

Di la vuelta al edificio dedicado a la animación, estaban apunto de cerrar así que no pude explorarlo por dentro. Me quedé con una especie de pirámide variocolor formada por una especie de ladrillos en forma de cruz que se abría en capas.

   

   

Subí por un sendero de escaleras bordeando otra iglesia y llegué a la plaza central de la ciudad, rodeada por la gran catedral y unos edificios gubernamentales. El centro de la plaza no tenía mucho, solo grandes extensiones de césped y otra zona de las olimpiadas.

   


El edificio de gobierno era bien extraño, una estatua de alguien muy poco agraciado posaba en la entrada, mientras que en el techo, vigilantes, encontramos unos unicornios dorados.

   

Continué explorando siguiendo una de las avenidas, a mi derecha se alzaban las casas sobre una pronunciada colina, ascendí por ella encontrando calles antiguas de piedra y un grandioso parque verde.

   

Avancé por el parque, los gemelos empezaban a quejarse de tanto ascenso. En lo más alto de se alza la torre de Cabot, sobresaliendo de los árboles. Me acerqué a su base y pequeños jardines la poblaban. Pensaba si estaría bien subir a ver las vistas, pero el cielo cada vez estaba más cubierto y amenazaba lluvia inminente. Algo asalto mis campo visual periférico en un veloz movimiento, la diminuta figurilla se paro en seco para observar a su alrededor, se trataba de una ardilla.

   

Saqué el objetivo con mayor zoom y ajusté la cámara a una velocidad de obturación rápida, las ardillas no permitían que te acercaras mucho a ellas así que había de pillarlas en la distancia. La que tenía enfilada estaba distraía royendo algo del suelo, así que más o menos pude captarla antes de que saliera huyendo al paso de otros viandantes.

   

Entonces empezó la lluvia, recogí la cámara en su estuche y la oculte bajo mi chaqueta, descendí hasta llegar de nuevo a las calles del centro camino al albergue, alcanzándolo desde la plaza que daba a los muelles.

Me quedé reposando hasta última hora de la tarde, cuando salí a comprar algo de fruta para la cena, recorrí parsimonioso las calles, esta vez sin cámara, por lo que no hay fotografías. Deje que mi mente divagara mientras mis pies me llevaban a cualquier lugar a un paso pausado y tranquilo, no sin antes fijarme en los supermercados más cercanos en lo que pudiera parar de vuelta. En ese momento me sentía increíblemente relajado, hacía mucho tiempo que no me sentía en ese modo contemplativo, andando con la parsimonia del que da pasos cortos y llega lejos. Tras un buen rato volví al hostal, me senté cómodamente en el salón comedor de la segunda planta, navegando por la red y esperando a que me venciera el sueño para reposar a la espera de mi siguiente destino: Plymouth y el Eden Project.



 
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Publicado por en 24 de agosto de 2012 en 06. Inglaterra

 

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#23: York: Vikingos y Trenes.

Buenas lectores!, antes de empezar me gustaría disculparme ya que últimamente he aumentado un poco la frecuencia con la cual publico, estoy en la laponia sueca y ando ocupado casi todo el día, solo el hecho de subir las fotos ya me supone un buen rato de estar delante del pc que prefiero invertir en explorar estas maravillosas montañas. Muchos opinareis que es innecesario subirlas en RAW a 5000×3000 pero bueno ya que puedo me gusta entregar el material en su tamaño original, así podéis disfrutar un poco más de cada detalle. Aunque siendo realistas apenas clicais en ellas para verlas a tamaño completo jejeje, pero nunca se sabe. Tampoco es que tenga demasiado tiempo para escribir, acabo bastante cansado después de estar todo el día caminando y prefiero ocupar mi ocio en ocio. Los que tenéis mi Facebook ya sabéis más o menos mis actualizaciones, los que no, pues tranquilos que todo va bien.

Empezamos donde lo dejamos la otra vez, tras el mediodía de paseos por Edimburgo que acabaron en el tren que me llevó por la tarde hasta York. El tren me dejó muy cerca del centro de la ciudad, podía llegar caminando en cinco minutos, sin embargo mi destino era el albergue que esta en las afueras y hay que llegar a el cruzando un poco los parques de los alrededores. Como de costumbre me perdí, me pase de largo a la hora de tomar un desvío y me metí en un barrio periférico de casas adosadas. Cuando llegué al final y ví que ya solo quedaba carretera y campo empecé a ver mi error. Crucé uno de los tantos parques de la zona, encontrando en una zona de juegos para niños a una mujer a la que no le importo redirigirme en la dirección adecuada.

   

   

Seguí por una carretera con dirección hacia el centro de la ciudad, no mucho más adelante estaba el desvío que debí haber tomado en primer lugar y frente a él los límites exteriores del albergue. Una vez dentro me percaté de lo grande y antiguo que es, bastante bonita por dentro y acomodada, construida el 1842 había sido el hogar de William Catton, un comerciante de algodón. En uno de sus murales narra la historia que ha vivido el hostal, como paso incluso a ser un cuartel de la RAF (Royal Air Force). Más adelante llego a las manos del filántropo Joseph Rowntree, ¿os suena el nombre? El hostal de Ennis tenía el mismo nombre. Finalmente este hombre dio entregó la casa a la red de albergues YHA England & Wales. Como ya era por la tarde no me mate mucho a explorar la ciudad, pues quedaba a 20 minutos a pie, así que descansé, hice la colada y deje la aventura para la mañana siguiente.

   

   

Como os dije el albergue esta a las afueras, tomé fuerzas en el desayuno ingles de salsichas, beans y huevo revuelto. El camino hasta el centro de la ciudad discurre paralelo al río en un más que agradable paseo. York esta rodeado de grandes parques-campo, amplias zonas de cesped con escasos arboles donde la gente va a correr, pasear sus perros o toman un kayak para ejercitar los brazos. Por el camino me encontré varios grupos de ocas “Greylag” pastando alegremente por el césped o volando por los alrededores.

   

   

   

Seguí el camino, más remeros aparecieron por el río y ya cerca del centro vi el club de remo de la ciudad de York. Algunos colocaban su Kayak en la orilla mediante unos escalones que descendían hasta la superficie del agua y que había visto anteriormente pero no había asociado su utilidad a esta la afición inglesa.

   

   

Subí por las escaleras del puente para quedarme a nivel de la ciudad. La calle principal te lleva hacia el “Minster”, una catedral gótica que dice ser la más grande del norte de Europa, rodeada por detrás por jardines, al frente flanqueada por la iglesia de San Miguel y el monumento a las heroes de la guerra. No podía faltar tampoco la maqueta de bronce del esa zona.

   

   

Antes de seguir mi ruta me dediqué a tomar varias fotos a la espectacular catedral, la entrada era de pago así que tampoco me moleste en visitarla por dentro, como sabéis los motivos religiosos no es que me apasionen.

  

   

Me adentré en las calles que llevaban al núcleo guiado por las útiles señales multidireccionales, cruzandome por el camino con una estatua de Constantino y una columna romana original de una base romana asentada en  York en el siglo IV después de cristo, cuartel de la 6a legión cuyo símbolo era un toro. Permaneció oculta y enterrada hasta unas excavaciones en el ala sur del Minster en 1969, yaciendo donde se había derrumbado.

   

Otra gran sorpresa fue encontrarme con el hogar de nacimiento de Guy Fawkes allá en 1570, si habéis visto la película “V de Vendetta” conoceréis la referencia. Es un hombre que intentó conspirar para volar por los aires el parlamento londinense y estuvo apunto de conseguirlo. La máscara de V supuestamente es una caricatura suya y su simbolismo en la rebelión social ha llegado a todo el mundo.

   

Más adelante me esperaba un mercadillo lleno de gente, los puestecitos se repartían por toda la plaza de Newgate’s Market. Seguí andando y encontré un pequeño museo dedicado a los Vikingos.

   

La exposición no era muy amplia, pero una guía nos hizo un pequeño tur por las cuatro piedras y la pareja de esqueletos expuestos, contándonos su historia. Empezó explicándonos por encima como eran los rituales funerarios nórdicos, posando los cuerpos en balsas llenas de los instrumentos que solían utilizar en su vida para que les fueran útiles una vez llegasen al valhalla, el hogar de Odin y los dioses menores.

Al parecer bastantes vikingos llegaban a las costas del Reino Unido en el pasado, allí algunos se instalaban e incluso mezclaban su cultura con los ingleses. Hay varias rocas y estatuas que en sus tallados mostraban tanto motivos de la mitología nórdica como cristiana, mezclando cruces con martillos de Thor.

   

En los esqueletos encontramos las diferencias sociales que había en los mismos vikingos, el cadaver de una mujer mostraba una buena salud dental y sugería una dieta bastante equilibrada, típica de los comerciantes. Mientras el esqueleto masculino estaba bastante más maltrecho, sufría de osteoporosis y sus dientes estaban destrozados, habituados a dietas concentradas de carne y una vida dedicada a la caza y batalla.

Termine leyendo un poco la historia más o menos conocida para mi de las figuras más importantes de la mitología nordíca: Odin, Thor y Loki, entre muchos otros, que batallaban con los gigantes a la espera del Ragnarok, el apocalipsis donde la mayoría morían. Un mural ponía en situación a los visitantes, explicando como el mundo crecía por el gran arbol Yggdrasil, con el inframundo abajo, la tierra de los hombres (Midgar) en el centro y el Valhalla en lo alto. Evidentemente hay mucha historia tras esto, algunas bastante curiosas como cuando Loki sugirió a Thor que se disfrazara de Freya, para tender una trampa a los gigantes que exigieron una boda con la chica, a la cual asistió Thor y empezó a repartir mamporros a media ceremonia, son geniales jajaja.

Seguí avanzando en mi ruta por la ciudad, la iglesia de St.Mary me llamo la atención, convertida en lo que parece una sala de exposiciones, en ese momento como la casa de las mil campanas (House of Thousand Bells). Entré a ver de que se trataba, varios centenares de campanitas de cristal colgaban del techo por finos cables que solo se veían gracias al reflejo de la luz. No fue gran cosa pero no estaba mal de ver, en el centro se escuchaba unas explicaciones por los altavoces a las que no les presté especial atención. Explore un poco por dentro la iglesia y regrese a la calle.

   

La siguiente parada en la ruta la hice al llegar a la Clifford’s Tower. Un resto de las instalaciones fortificadas de la edad media que protegían York, junto a las murallas que recorren la periferia. La torre tiene mucha historia, en sus primeras construcciones fue hecha de madera, pero hubieron varios casos de incendios, el más histórico fue el que narra una placa a los pies de la escalera, que habla del Viernes 16 de Marzo de 1190, esa noche un grupo de 150 judíos de York buscaron protección en la torre, perseguidos por una turba enfurecida por el odio étnico proliferado por unos desalmados como Richard Malebisse. Rodeados y sin escapatoria decidieron suicidarse y morir a manos de sus propios miembros, antes que darles la satisfacción de una matanza a la multitud ciega de locura, así que se quemaron vivos dentro de la torre. Los pocos que intentaron escapar fueron cruelmente mutilados por sus perseguidores.

   

La torre por dentro es relativamente pequeña, en el pasado estaba cubierta y un entresuelo de madera creaba dos pisos. Actualmente solo quedan las paredes de fuera y puede subirse arriba de las murallas para obtener unas buenas vistas de York.

   

   

Volví al punto inicial por diferentes calles, de nuevo cerca de la estación de tren, disfrutando del lado interior de las murallas donde era mucho más fácil apreciarlas. Las crucé y llegué debajo de la noria, retomando el camino erroneo que había tomado el día anterior nada más llegar, pero que me llevaba directo a mi actual destino. Pero me detuve a ver un parque con otro monumento a la guerra, no muy espectacular. Lo que me llamo la atención eran de nuevo las ocas, que campaban a sus anchas como si fueran palomas, no les molestaba apenas la presencia de gente cerca suya, permitiéndome ver lo grandes y gordas que eran algunas.

   

   

   

Después de estos aperitivos viene el plato fuerte, tenía ganas de visitar la principal atracción de la ciudad de York y que haría las delicias de Sheldon Cooper de la serie de TV “Big Bang Theory”: El museo nacional del tranvía. Como su nombre indica tiene unas dimensiones bastante expectaculares, se divide en distintas áreas en el interior de dos grandisimas naves. Primero accedí a una exposición de trenes antiguos, mostrando las diferentes maquinarias a vapor y carbón, con sus distintos tipos de vagones, algunos decorados muy lustrosamente, como uno preparado para los desplazamientos de la familia real. En los andenes se distribuían mesas para que la gente se sentara tranquilamente a tomar un café en esa estación simulada llena de antiguas reliquias.

   

   

   

En el exterior se podía realizar un trayecto encima de una locomotora de vapor que rodeaba el complejo, aunque tampoco me interesó mucho pues de trenes tenía mucha experiencia a esas alturas. Una sala cerrada albergaba una serie de ilustraciones que fueron utilizadas como propaganda de las líneas ferroviarias a principios de siglo y cuando estas empezaban a extenderse por todo el Reino Unido, algunas particularmente graciosas y que invitaban a dejarse llevar hasta la costa en tren.

La otra nave entraba ya a analizar más a fondo el funcionamiento de los trenes, allí estaban expuestos principalmente las cabezas locomotoras, exponiendo sus modelos de diesel, vapor, electricidad y todos los que ha pasado por la historia. Uno de esos motores era un Sulzer, una marca que en el pasado había tenido motores en la central eléctrica de Ibiza y que tenían un tamaño bastante similar, aunque se quedaron anticuados pues no aportaban mucha potencia. Evidentemente hablamos de los primeros años en los que la electricidad recorrio la isla, si bien hoy en día la mayoría de los motores de la central suelen usarse en grandes ferrys, más que acoplados a alternadores en vez de élices, no es tan descabellado pensar que en su día podían tener motores de tren acoplados a los generadores eléctricos.

   

Las locomotoras más famosas recibían su propio nombre plasmado en grandes chapas metálicas cuidadas con esmero y que se convierten en valosisimas reliquias que los coleccionistas adoran. Los nombres son muy romanticos, simbolicos o de personajes épicos, como “Sir Constantine”, “Camelot”; “Green Arrow”, “Evening Star”, “Dominion of New Zealand”, etc. El papel de los trenes en las grandes Guerras Mundiales fue crucial para llevar mercancías, tropas y hacer posible las ofensivas. En esa época se decía que los trenes habían sido los que habían ganado la guerra.

   

Todo estaba plagado de las cabezas motoras, podían verse de todo tipo, aquí algunas fotos.

   

   

   

Seguí explorando entre las mil locomotoras y sus variopintos diseños, algunos muy espectaculares. Uno de ellos podía verse desde abajo gracias a un corredor subterraneo, prácticamente igual que el que puede verse en algunos talleres de coches o la ITV. Os puedo segurar que no hay ser humano que pudiera sobrevivir al paso de un tren intentando ocultarse en el espacio que hay entre los railes, sería mutilado por el entramado de ejes y tuberías que discurre a escasos 10 centímetros del suelo. Otro tren esta seccionado, mostrando su funcionamiento interior, mostrando la caldera y el circuito de hidráulico que transmite la energía a los ejes.

   

Cansado tras las casi dos horas de pasear por el interior del museo salí para dirigirme al albergue, comer tranquilamente y dedicarme a ver a donde me dirigiría los siguientes días, pues había quedado con una amiga en apenas una semana cerca de Londres y quería ver ciertos puntos que no debía perderme. Fue un día bastante movido y disfrute mucho, York es una ciudad preciosa y me alegro mucho de haberla visitado.

Hasta la próxima entrada, espero no demorarme demasiado pero como os he comentado al principio del artículo espero que entendáis mis retrasos, gracias a todos 😉

 
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Publicado por en 17 de agosto de 2012 en 06. Inglaterra

 

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#22.- Edimburgo: La bella capital escocesa.

¡Muy buenas! Vuelvo a la carga, hoy toca Edimburgo, pero empezaremos relatando como llegué allí. Tras la noche de la inauguración de las olimpiadas decidí dormir como es debido, así que hasta las 9 y algo de la mañana no me desperté. Desayune tranquilamente sin prisas y me postre en el Hall del Hotel Yury’s Inn en Glasgow. Tras volver a trazar una ruta provisional y reservar para los próximos días en los distintos hostales de las próximas ciudades. Lo siguiente fue actualizar el blog, pasando el mediodía. Me fui a comer a un restaurante cercano a la estación, me quedé un buen rato sentado hasta que me di cuenta de que había que ir a la barra para pedir la comida, pagar y dar el número de mesa para que te lo sirvieran en cuanto estuviera listo. La comida no estaba mal pero tampoco tenían nada en especial que valga la pena enseñaros, simplemente el pastel de carne escocés, que era como el que me había comprado en la excursión al lago Ness, solo que bañado por una salsa marrón sin mucho sabor, beans y ensalada.

El tren dirección Edimburgo salió sobre las 3 de la tarde, por el camino aparecían varias ruinas de pequeñas fortificaciones y muchos pueblos rodeados de verdes llanuras. No tardamos Más de dos horas en llegar a la capital escocesa. La gran sorpresa vino cuando salí de la estación, ante mí se erigía ¿un castillo? ¿Un edificio? No sabría decíroslo exactamente, pero mi mente se vio abrumada por semejante cantidad de arquitectura antigua.

   

   

Al frente el casco antiguo que se extiende hasta su castillo en su punto más alto, en el centro el valle un paseo atraviesa un parque que desciende hasta un par de museos de forma característica romana llena de columnas. El sol pegaba fuerte en el horizonte, ya cayendo hacia el anochecer, su brillo contrastaba con las nubes oscuras que surcaban el cielo por encima de mi cabeza.

   

Como siempre lo primero es buscar el albergue en el cual alojarme esa noche, ya lo tenía reservado con antelación, cosa que hago siempre desde que me quedara tirado la noche del viaje entre Irlanda e Inglaterra. Me sorprendí gratamente al darme cuenta de que esta justo al lado de la estación, solo había que cruzar una esquina y ya te encuentras con su entrada.

Deje los trastos en mi habitación, los pasamanos estaban recién pintados, cosa mala para subir tres pisos, cosa que no acaba ahí pues en el mismo tercer piso ya había desniveles de varios escalones en el cual era muy fácil meter mano a la pintura fresca. La habitación tenía unas cinco literas, esa noche me tocaría dormir en la parte inferior.

   

Salí a la calle, estaba hambriento de ver más, ascendí por la colina que daba al castillo y cruce un oscuro callejón llegando a la King Street, el camino real que salía del castillo y bajaba por todo el barrio antiguo, en su día fue la arteria principal de Edimburgo.

   

   

La calle estaba llena de tiendas de licor, museos, souvenirs y cafeterías, ascendí un poco y me paré a mirar un museo (o no se si debería llamarlo atracción) de lo más interesante. La Cámara Oscura (Camera Obscura). Se trata de un edificio muy antiguo, en el cual han montado a lo largo de sus 4 plantas una serie de exposiciones relacionadas con la percepción y el ilusionismo, terminando en la última planta que contiene una cámara oscura de casi 200 años de antigüedad, ya os contaré de que se trata. Me dijo la chica de recepción que justo llegaba para la última sesión de la cámara oscura, teniendo lugar esta en 30 minutos, así que me recomendaba visitar las plantas superiores y asegurarme estar ahí en cuanto la abrieran.

   

En la segunda planta podemos encontrar una exposición sobre hologramas. Un cartel en la entrada nos explica como se toma una imagen tridimensional y se guarda en un film fotográfico, de la división de un rayo láser que se hace pasar por una serie de espejos rebotando uno en el objeto y otro en el film. Voy a enseñaros una serie de ejemplos, estos dulces por ejemplo no están ahí, son un holograma ¿A que parecen reales? Los auténticos se encuentran unos palmos debajo de ese cristal, os juro que la ilusión es una pasada, bien parecía que pudiera cogerlos y mi vista me decía que allí estaban, sin embargo al extender la mano solo golpeaba contra un cristal.

Continuamos con una serie de cuadros holográficos, en ellos se ven varias representaciones tridimensionales. La que más me impactó fue la de un microscopio, podías inspeccionarlo desde el frente, los laterales e incluso, acercándote según la perspectiva del cuadro, llegar a mirar a través de la mirilla y ver un chip perfectamente. Para que os hagáis a la idea, no me pegaba frente al cuadro para ver la mirilla, sino que esta se encontraba en perspectiva en un punto a un metro y medio de distancia de este, y tenías que apuntar para poner tu ojo en el punto justo en que la imagen se hundía en la retina hasta hacer el efecto completamente real de ver a través de la mirilla. Luego otros cuadros algo distintos que variaban de contenido sustancialmente dependiendo de el Angulo desde el que lo mires: Arañas gigantes que giraban siguiéndote, un hombre mutando a hombre-lobo, los famosos cuadros antiguos de una pareja de pastores que al cambiar de ángulo se transforman en demonios… una pasada.

   

Lo siguiente fue una sala un poco más orientada al público infantil, con algunos juegos de perspectivas. ¿Conocéis esa habitación en la cual si una persona se pone en un extremo y la otra en otro, para alguien que lo mire de fuera se crea una gran diferencia de tamaño? ¡Aquí lo podéis encontrar! También repartidas por las paredes se encuentran una serie de “imágenes escondidas”, de esas que tienes que ver poniéndote a cierta distancia y desenfocando la vista durante un rato hasta que el cerebro crea el contraste óptico por el cansancio visual. No faltaban los cuadros de ilusiones ópticas, de esos que pueden verse de varias maneras o que tienen dos imágenes en una. Aunque más gracia me hizo una máquina al estilo fotomatón la cual te tomaba una foto y aplicaba una serie una serie de filtros para mostrarte como serias si fueras: Africano, Caucásico, Asiático, Chimpancé, Bebé, Anciano, más machote, o tu lado femenino. ¡Es genial! Aquí tenéis mis muestras para que os riáis un rato.

   

   

   

Subí a la última planta, pronto sería la sesión de cámara oscura y no quería perdérmelo, pues no sabía exactamente en qué consistía. Mientras esperaba una serie de terrazas daban al exterior, permitiendo unas bellas vistas de la ciudad que aproveché para inmortalizar. Entonces llegó el encargado, abrió la puerta de la redonda sala con dos niveles y una mesa de superficie elíptica blanca en el centro. Entramos unos 25 turistas, al cerrar la puerta la luz dio paso a la oscuridad y tras ella unas lámparas rojas de luz muy tenue brillaron para vernos un poco las caras. El chico nos explico que estábamos en una cámara oscura tan vieja como el edificio, que aquí se congregaban grandes personalidades de la ciudad para espiar lo que ocurría en esta: ¿Cómo lo hacían? Pues mediante unos espejos que enviaban la luz del exterior por unas lentes, chocando contra la blanca superficie de la mesa, creando una imagen completamente nítida del exterior. Un largo mango colgaba desde lo alto de la sala, con él se puede manejar el cristal, haciéndolo girar 360º y guiar el haz de luz enfocando lo que se desee ver. Estaba atardeciendo y la luz que entraba no era tan potente, aun así se distinguía bien todo, como en una fotografía viviente los peatones cruzaban las calles. El guía con un papel levantaba un vehículo por los aires, haciendo broma para los niños, después de echar un vistazo a las calles cercanas dimos una vuelta por la “Skyline” de Edimburgo, dándonos un breve repaso a los edificios más importantes, como el lugar donde nació Sean Connery, el barrio donde se crío y trabajó de pequeño, hasta la escuela de teatro donde dio sus primeros pasos y de ahí a la fama. También se nos contó por encima la historia de la ciudad, el castillo, la King StreeT. Llegamos a lo que parecía ser un panteón al lado de una torre, en extremo que daba al mar “Queríamos copiar a los griegos pero como podéis ver no acabó de resultar, ¡nos quedamos sin dinero a medio construir!” bromeaba nuestro guía. La sala estaba tan oscura que no podía ajustar tanto la cámara como para que pudiera captar con la precisión del ojo humano las figuras reflejadas en la mesa blanca, como comprenderéis usar el flash hubiera sido una soberana estupidez y yo soy bastante retractor del flash, procuro no utilizarlo nunca, pues mi cámara bien puede funcionar con muy poca luz con los ajustes adecuados.

   

Terminó la sesión, fascinado baje una planta para seguir mi recorrido. La primera sala consistía en los típicos objetos eléctricos que desprenden rayos sobre un cristal cuando apoyamos los dedos en el. A mi estos aparatos me encantan a pesar de ser más comunes, estos tenían una escala mayor y había varias versiones. Una consistía en una especie de panel de hexágonos, como un panal de abejas, el cual al ser golpeado (suavemente) generaba corriente eléctrica.

   

Entonces le llego el turno a los espejos, varios de ellos concéntricos a una pequeña luz creaban un efecto precioso de filigrana lumínica. Una proyección en el suelo simulaba un pequeño campo de futbol con un balón virtual el cual podía patearse gracias al sistema Kinect, como anteriormente pudimos ver en el barco hacia Inglaterra donde una niña jugaba con una pecera virtual espantando peces electrónicos. Más al fondo podíamos jugar con los espejos de perspectiva, para verse más alto, mas rechoncho o completamente deformado.

   

Tras una esquina encontré una pared fotosensible, ya la había probado en el parque de las ciencias de Granada, pero no esta de más jugar un poco más con ella. Consiste en una pared sensible a la luz que literalmente “captura las sombras” mediante un flash. Aquí tenéis algunos ejemplos.

Tampoco olvidaré una sala genial llena de leds y espejos, en ella se creaba una especie de túnel infinito, pero no se exactamente como lo hacían pues solo una superficie era de espejo y por lo cual sobre la que uno se reflejaba, en la contraria simplemente se extendían un mar de oscuridad y millones de luces cual estrellas hacia el infinito. Tengo claro que cuando tenga una casa propia, si tengo suficiente pasta me hago este efecto en el dormitorio ¡Qué chulada! Otra sala contaba con una cámara de infrarrojos, a lo Predator, el cipote rosa que veis en la foto es una botella de agua fría casi congelada, contrastando con mi cara bien cálida junto a la fría ropa y cámara. Es gracioso apoyar la mano sobre la superficie de la chaqueta y ver como queda la estampa del calor en ella perfectamente dibujada.

   

Baje al primer piso y encontré una exposición sobre antiguos sistemas de ilusiones ópticas, como las primeras imágenes en un rudimentario 3D, que consistían en dos fotos iguales con una diferencia de perspectiva igual a la de los ojos humanos. Unas lentes a la distancia correcta las cuales miramos a través conferían profundidad de campo. Son fotos muy muy antiguas y tienen su merito. Pero esta parte no me supo tan divertida y la mire por encima llegando a lo que para mi fue lo mejor de todo.

¡Un laberinto de espejos! Como los que salen en las películas o series, normalmente en una persecución de thriller policíaco. La sensación dentro es de estar como en una cuerda floja, tienes que tener muy claro donde vas a dar el siguiente paso, pues hay paredes espejo con los ángulos para no reflejarte siendo igualmente sustanciales y duras contra la nariz. A tientas con unos guantes de plástico para no ensuciar y perder la magia, cruzaba lentamente el sinuoso camino infinito con miles de mis copias.

Y lo último fue una simple pasarela recta de unos 5 metros de longitud, el reto consistía en cruzarla hasta el otro lado. ¿La dificultad? Que discurre por el centro de una tela circular a modo de túnel, dibujada en forma de espiral y que gira a toda velocidad alrededor de la pasarela. El efecto es brutal, el cerebro cree que estas girando a alta velocidad y ajusta automáticamente sin preguntar el reparto del peso corporal para oponerse al giro y evitar caerse de la pasarela. Aunque está descanse firme sin moverse un milímetro. Inclinado sobre un lado de la pasarela, luchando por no dejarme caer contra el suelo por la supuesta fuerza centrífuga, en uno de los pocos momentos de mi vida en que sabía que mi consciente sabía más lo que ocurría que mi propio inconsciente. La vía fácil de conseguir llegar al otro lado evitando dar tumbos era cerrar los ojos, todo efecto desaparecía y se podía andar perfectamente hasta el otro lado, pero como los abras sentirás como todo tu cuerpo cae hacia un lado atemorizado y modificando todo tu centro de gravedad más bajo, estable y contrario al giro. Me reía como un tonto, era divertidísimo.

Terminé la visita muy satisfecho, ascendí el pequeño tramo que me separaba de las puertas del castillo, aunque este estaba cercado por vallas y protegido por vigilantes de seguridad, unas grandes gradas ascendían por lo que debía ser la plaza central y al parecer se iba a celebrar recientemente un evento anual sobre tatuajes militares. Debido a los preparativos no se podía pasar, así que me contenté con una mala fotografía de los interiores y lo que pudiera tomar a posteriori de sus vistas exteriores.

Volví al albergue, no sin pararme en una pequeña plaza que daba al valle central y el lado más nuevo de la ciudad. Allí los aros olímpicos robaban su parte de protagonismo al paisaje urbanístico. También ascendía la torre vacía la cual pretendía visitar al día siguiente.

En el albergue bajé a conectarme un rato al chill out que tenían instalado en la primera planta, junto a las taquillas de guardar equipaje. Al ver a uno de los otros alberguistas con un tarro de macedonia le pregunté donde lo había comprado, dándome indicaciones de un supermercado a 5 minutos. Deje todo ahí y me escapé corriendo a por la cena, pillando una ensaladilla, algo de fruta y agua. Pasé las escasas horas previas a medianoche actualizando el blog, charlando, viendo los juegos olímpicos, hasta que el cansancio me llamó para ir a la cama.

A eso de la 1 llegaron otros compañeros de habitación, una pareja que se habían conocido de viaje y que disfrutaban juntos de los sitios, bastante pilladitos, acompañados de un italiano y una española que había visto en el chillout teniendo una supuestamente interesante conversación de las locuras que habían cometido estando borrachos, autenticas chorradas que supongo les parecerían “guays”. No sin armar un buen jaleo se acostaron, hablando como si no tuvieran 4 personas más intentando dormir en la habitación, me tocó bastante la moral pero tampoco dije nada, ya acostados siguieron hablando la chica y el chico de cama a cama, hasta que al final la chica lo invitó a la suya para “no molestar a los demás”. Al menos en ese momento dejaron de hacer ruido, hicieran lo que hicieran dejaron de molestar.

A la mañana siguiente la chica dormía con todo al aire, cada uno en su cama eso sí, hay que ver como somos los españoles, pero en fin bien por ellos. Si no fueran tan capullos de hacer tanto ruido previamente… por mí que follen y hagan lo que quieran, ¡viva el amor! Pero que me dejen dormir. Desayuné y baje mis trastos a las taquillas para seguir visitando la ciudad, lo primero que hice fue parar en “La Mazmorra de Edimburgo” (The Dungeon – Edimburg). La ciudad esta construida con un montón de túneles y calles subterráneas, donde antiguamente vivían los estratos más pobres de la sociedad y entre sus esquinas la gente moría de hambre y peste. La atracción “The Dungeon” es una cadena de ocio que recoge los datos históricos más sangrientos y terroríficos de cada zona creando un espectáculo, también los encontraré más adelante en York y Londres.

El caso es que visité el de Edimburgo, justo enfrente del albergue, en su interior no se pueden tomar fotografías así que lamento no poder mostraros como era, intentaré explicároslo un poco. Ya en el subsuelo tras comprar los tickets nos metieron en una especie de calabozo, el grupo constaba de 30 visitantes. Al poco la luz se marchó y una criatura entró en la sala vociferando que nos moviéramos, llegamos a una especie de sala de juicios, la criatura resulto ser un Juez ensangrentado que nos hizo sentar en unas filas de asientos. Él subió hasta su atrio particular, condenándonos de crímenes contra la ciudad y de actos vandálicos. Llamó a varios a subir al estrado, una fue una señora inglesa a la que acuso de ser la persona peor vestida que había visto nunca, le preguntó su nombre y nacionalidad, para cuando le dijo lo último su reacción fue un sonoro vómito. La situación era bastante hilarante, el juez nos azuzaba a borrar nuestras sonrisas y abuchear a cada uno de los que subían a declarar. Entonces sus largos dedos me apuntaron a mí, subí al estrado. Al hablarle de España me dijo que “Nunca había escuchado hablar de ese lugar”, me acusó de correr por la King Street vestido con ropas de mujer gritando por un hombre. Poco más pude hacer que declararme “culpable”, frente a la otra opción “muy culpable”. Cuando terminó mi turno el juez dejo patente que todos los presentes éramos responsables de mil crímenes y que lo pagaríamos en el fondo de las catacumbas de Edimburgo. Nos llevaron a otra sala, en ella aguardaban una serie de leyendas y personajes asesinos de la cultura escocesa, como Sweeny Todd, una muchacha nos montó en una especie de barca que cruzó un riachuelo en la absoluta oscuridad, nuestras caras chocaban con telarañas y éramos atacados por fantasmas y murciélagos, los gritos resonaban por las grutas y finalmente llegamos al final del trayecto. Allí unas hermanas que tenían su rincón particular lleno de cadáveres a medio comer intentaron hacer de nosotros carne fresca, pero unos hombres armados se acercaban e iban a por ellas, debían ser parte de una leyenda popular que no entendí. Llegamos a un callejón simulado de la ciudad, un mago/clérigo pagano nos avisaba de brujas y banshees, espíritus de aquellos que habían muerto encerrados en casas donde la peste descomponía sus carnes. De las ventanas salían gritos, nos apremió a que nos pusiéramos contra la pared del callejón, quedamos en la oscuridad absoluta, sonó un terrible estruendo y un espectro cruzó la calle, mientras que de detrás de nuestras piernas una fuerte corriente de aire asustaba a todos. El hombre encapuchado en su capa dio un fuerte golpe con su largo palo en el suelo, diciéndonos que siguiéramos adelante. Llegamos a lo que representaba un cementerio, allí nos hicieron sentarnos en una serie de tumbas mientras nos contaban un poco las historias de varios muertos y terrores que habían acontecido en las épocas de las hambrunas en Escocia. Seguimos hasta un hospital, una enfermera también cubierta de sangre nos hablaba de cómo trataban a los enfermos, como les abrían y les operaban para sacarles sus órganos e investigar. Abrió una cortina tras la cual reposaba un cuerpo abierto, la chica empezó a meter sus manos dentro de este, sacando órganos uno por uno, lo último fue una especie de bola que representaba la vejiga, la cual aplasto disparando chorros finos de líquido que se estrellaron contra las caras de la primera fila de visitantes, bastante asqueroso pensando en ello como orina. La siguiente sala hablaba de William Wallace, de cómo fue torturado hasta la muerte y de cómo se ejecutaban las decapitaciones de los condenados. La cabeza de William estaba ensartada en una pica, mientras la chica de esa sala hablaba de su nobleza y logros, con pena por su desgraciado final, entonces se paró a mirarme fijamente “Tu! Tú eras uno de esos sucios ingleses! Me acuerdo de ti, tu llevaba el estandarte ingles en las batallas!” me arrastró hacia el pequeño escenario, amenazándome con un cuchillo de cocina, me hizo confesar mi crimen contra Escocia, condenándome a ser decapitado, fui conducido hacia un pilón de madera donde tuve que apoyar mi cabeza. Debajo de mí estaba la cesta donde aterrizaría una vez separada del cuello, la chica a mi lado blandía una hacha cuando la cabeza de William empezó a hablar, no era más que una imagen proyectada sobre una máscara pero quedaba bastante bien. La chica le contó lo de que había encontrado a un abanderado ingles y se puso a discutir con la cabeza, cosa que aprovecharon para llevarnos al grupo y a mí hacia la sala final. Allí el juez volvía a esperarnos, esta vez para ahorcarnos, nos separaron en dos grupos y unos ejecutores nos sentaron en unas filas de asientos de cuero que se elevaron unos 10 metros, cayendo a plomo como seguramente habréis vivido en las típicas atracciones de feria. Ya estaba hecho, habíamos sido ahorcados, nos llevaron a una sala donde tomaron la foto de nuestro último momento de terror, las caras de la gente eran bastante graciosas. El show entero había durado cerca de una hora y media, mereció mucho la pena. Un ascensor nos llevó de nuevo a la superficie, donde el sol brillaba fuerte.

Lo siguiente que visité fue la torre vacía, el Scott Monument, allí ascendiendo por unos 280 escalones se alcanzaban los diferentes niveles, hasta el superior que daba una panorámica que quitaba el aliento. Normalmente estoy acostumbrado a las alturas, pues en mi trabajo en la central eléctrica me vi muchas veces enfrentado a vacíos de 30 hasta los 70 metros de altura de la gran chimenea.

   

   

Por las calles de la parte más nueva de la ciudad sonaban las gaitas, de los típicos escoceses vestidos en con su traje tradicional, a los lados volvían a brotar los centros comerciales, aunque por ese camino llegaría cerca de los Reagent’s Gardens donde esperaba la torre Nelson y el pequeño panteón que representa el Monumento Nacional. Subí a lo alto de estos, dando una vuelta por la zona viendo como se extendía el mar y encaramándome a las gruesas columnas que cortaban el viento.

   

   

   

Satisfecho volví al albergue y tomé mis cosas para poner rumbo a York, como primera parada en Inglaterra, continuaré mis aventuras desde este punto, disculparme por el retraso que esta teniendo el blog, pero como comprenderéis intento disfrutar al máximo del tiempo que dispongo y no siempre puedo dedicarle unas horas a escribir estas entradas. Un abrazo a todos mis lectores y gracias por los comentarios, los aprecio mucho y me hacen mucha ilusión. Por ahora y como dice este cartel: Diversion Ends.

 
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Publicado por en 13 de agosto de 2012 en 05. Escocia

 

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#21.- Las Highlands y el Lago Ness.

Amanece en Glasgow, o me levanto bien temprano y con prisa, pues a las 8 menos cuarto debo estar en George Square para tomar el bus que me llevará de ruta por las Highlands y a visitar el lago Ness. Bajo a la primera planta para desayunar y dejar mi maleta en recepción, según como vaya el día me quedaré una noche más o me marchare a otra ciudad.

Poco rato después llego a George Square, la empresa donde había contratado el Tur no había conseguido reunir suficientes personas y me desviaron a otra distinta que hacía el mismo recorrido: TimberBush. En la parada ya estaba mucha gente esperando, el autobús de tamaño mediano abrió su puerta y un joven conductor, delgado, de pelo corto y moreno que debía rondar los 30 y pocos años nos dio la bienvenida. Eran las 9 menos diez y estábamos todos dentro dispuestos para empezar, desde su asiento y utilizando el claro sistema de altavoces interior, el conductor nos agradeció nuestra puntualidad, solo faltaba una persona por llegar y se disponía a llamarla para intentar contactar con él. Finalmente y tras confirmar con la compañía partimos sin esa persona que debió quedarse dormido. El conductor nos dijo que se sentía muy afortunado por tener un grupo tan formal, si seguíamos así el viaje sería genial.

A medida que salíamos de Glasgow y cruzábamos los distintos barrios, puentes, o cualquier zona interesante recibíamos toda una serie de detalles de nuestro chofer, parecía disfrutar realmente de su trabajo y ser un profundo conocedor de lo que hablaba, amante de su ciudad y Escocia en general.

   

Al cabo de un rato llegamos al lago Lomond, ascenderíamos por lateral enfilando las carreteras del norte. Escocia esta plagado de ríos y lagos, nos decía el chico que le disculpáramos por las variaciones del escocés al ingles, por ejemplo “Lake” es “Loch”, y algunas otras palabras, aunque se le entendía perfectamente. Debo decir que si vais a disfrutar de uno de estos Tours alguna vez intentéis hacerlo con un guía local, a pesar de que os hable ingles, aunque necesitareis un avanzado nivel de ingles para seguirle adecuadamente.

Las grandes llanuras verdes se cambiaron por un número indeterminado de montañas llenas de bosques, con el lago en el centro del valle. Escocia también se conoce como “Caledonia”, el nombre que le dieron los romanos y que significa “Tierra de Bosques”. Escocia fue uno de los pocos reductos que soportaron la invasión debido a su loca geografía, es una fortaleza natural en las alturas, rodeada de montañas y bosques, por no hablar del duro clima que en invierno cubre todo de blanco y en verano tortura con frías lluvias intensas e intermitentes.

   

Paramos un momento en el Loch Lomond, una pequeña zona de recreo con una cafetería y un pequeño embarcadero reposaba a los pies de una central hidroeléctrica. El lago formaba un paisaje increíble, sus aguas eran oscuras e insondables. Una oca bastante simpática se acerco al embarcadero donde el grupo de turistas estábamos tomando fotos, con pequeños picotazos tranquilos a las rodillas o brazos pedía comida a quienes se acercaban a acariciarlo, así se gano varios trozos de pan y bizcochos.

   

   

   

Terminado el corto receso de 15 minutos volvimos a subir al bus para adentrarnos a fondo dentro de las tierras altas de Escocia, las montañas se juntaban con las oscuras nubes que en su vuelo raso cumplían de vez en cuando su amenaza latente de lluvia mientras raptaban la mayoría de rayos de luz solar que se atrevían a entrar en sus dominios.

   

Entonces empezaron las historias de los clanes que habitaban estas tierras en la edad media, todo se reduce a un intrincado planteamiento que podría hacer sombra a “Canción de Hielo y Fuego”, grandes familias de terratenientes que luchaban entre sí por las tierras y derechos, especialmente fuerte la historia de un clan que aún estando en guerra acogió en uno de los inviernos más duros a sus rivales para después descubrirse en medio de una matanza en la que casi todo su clan fue aniquilado, bien por la espada en sus camas o por la fría nieve a aquellos que intentaron huir.

   

Paramos un segundo en un mirador que daba a una serie de imponentes montañas que se elevaban en formas redondeadas y completamente cubiertas de hierba, la lluvia empezó otro de sus ciclos, obligándonos a recoger las cámaras y volver rápidamente al autobús con unas pocas instantáneas en la memoria, esas gotas eran grandes y heladas, golpeaban la cara como carámbanos de hielo.

    

   

 A pesar de que el conductor ponía toda la pasión en explicarnos cada detalle de las historias y curiosidades escocesas, de vez en cuando descansaba la voz poniendo de hilo musical un disco suyo lleno de canciones escocesas, tanto actuales como clásicos folclóricos, una de ellas hablaba de la tragedia antes explicada, en general todas eran bastante parecidas a las Irlandesas, con el uso mucho más generalizado de las gaitas. Son dos tierras que tienen bastante en común, luchando contra los Ingleses desde los albores del tiempo y sufriendo muchas injusticias.

Aquí no se bebe cerveza negra pero sí mucho Whisky, nos detuvimos en un pequeño pueblo a la hora de comer, yo me acerqué a un SPAR a comprar a precio de supermercado, y es que esta compañía que apenas cuaja en España aquí es todo un nº1 peleado con los “Salsburi, “. Compre lo que necesitaría para el resto del día, unos pasteles escoceses que vienen a ser empanadas de carne con una salsa extraña, alguna frutilla y agua. Después me acerqué a una tienda donde vendían todo tipo de merchandising escocés, desde Kilts a todo tipo de artículos con los escudios de los clanes más importantes de toda escocia, como los “Wallace”, “McCloud” u otras típicas que hemos oído en muchas películas o series, como los inmortales o Braveheart. Una señora trabajaba en moderno telar, pero a la vieja usanza. Al regresar al autobús nos organizamos todos para una excursión en barco que haríamos al llegar al lago Ness, reunimos el dinero de todos y el conductor, preocupado por la cantidad de otras excursiones que se reunían en ese pueblo, llamo a la compañía de barcos para reservar la plaza de todos nosotros.

   

Finalmente llegamos a los dominios del Loch Ness, varios datos sobre el me impresionaron bastante, este es un pronunciado rectángulo que se extiende a lo largo de unos 30 kilómetros, llega a profundidades de casi 300 metros, la luz no es capaz de llegar a más de dos metros de profundidad, dentro de él podrían reunirse todas las personas vivas del mundo y no llegaríamos a llenarlo, es el que más volumen tiene de toda escocia y el segundo en extensión. Un auténtico monstruo que perfectamente podría albergar criaturas como el legendario Nessi.

   

   

Por las fotos podéis ver que parece más un mar que un lago, no es algo que pueda llegar a verse en toda su extensión gracias a la vista, las estelas de luz que consiguen atravesar las oscuras nubes acarician la tierra con su halo, en las zonas cubiertas cuales fantasmas las cortinas de agua se dejan caer de las nubes, y lo que no es cubierto ni por agua ni por sol se ve invadido por pequeñas nieblas que cubren algunas extensiones. Imaginaos todo como el marco de un cuadro impresionante, como bien dice el conductor las vistas son “Stunning”. Pasamos al lado de un castillo en ruinas, era la otra posible excursión aparte del barco, pero pasaríamos muy cerca por el agua.

    

Llegamos al “Loch Ness Clansman”, un Hotel/Cafetería que conectaba por un pequeño pasadizo subterraneo al embarcadero donde varias compañías de recreo tenían sus barcos atracados, al lado de una estatua de Nessie. Subimos al bote, muy parecido a los que usamos en Ibiza para las excursiones alrededor de la costa, aunque ninguno de estos era de “Glass Bottom” (Fondo de Cristal) para ver las profundidades, pues como os dije antes en el lago la luz solar apenas penetra unos metros y no se vería nada.

   

Nos adentramos en el lago, las vistas eran todavía más espléndidas, los fenómenos que antes os relataba se hacían más fáciles de ver con semejante profundidad de campo, subi a la cubierta superior, allí debía ocultar de tanto en tanto la cámara entre los pliegues de mi chaqueta para que no se mojara por las repentinas lluvias que azotaban durante breves minutos el barco.

   

   

Pasamos después al lado del Castillo de Urquhart completamente en ruinas al borde del agua. A través de sus caídas murallas se podía ver a la gente recorriendo sus entrañas, degustando su historia y imaginándose como debía vivirse antaño entre esas paredes de roca.

   

Paramos un segundo a los pies de su torre mejor conservada, allí unos cuantos bajaron y otros embarcaron, todo mi grupo seguía unido evidentemente. Para el regreso me metí en la cabina inferior donde el agua no mojaba mi chaqueta. Una pantalla de mostraba las lecturas del sonar, que al poco de separarse de la orilla ya caía a los 650-700 pies, (3 pies/1metro aprox). Me senté a leer uno de los panfletos en castellano, contaba un poco los datos del lago y el castillo, planteándose la leyenda de Nessi y sobre los hechos históricos relacionados, como el de la famosísima fotografía que resulto ser un bulo, hecha a manos de un biólogo rencoroso que en su día fuera contratado para investigar la existencia del monstruo, debido a numerosos avistamientos de los lugareños, siempre dejando abierta la posibilidad y dejando las conclusiones al gusto del lector.

   

   

De vuelta nos dio tiempo a tomar un café antes de partir con el autobús, volvíamos a estar todos puntualmente, produciendo de nuevo que el chofer nos alabara y agradeciera enormemente que fuéramos tan buen grupo. El siguiente destino antes de dar la vuelta hacia casa era una visita rápida al pueblo de Inverness, no paramos en él pero si vimos su castillo y algunas de sus calles, además de algunas historias y puntos de interés como su fábrica de Whisky.

    

Llego la hora de retomar el rumbo hacia el Sur, de nuevo el paisaje se plago de montañas, pequeños ríos y vegetación. El conductor nos recordaba una vez más un consejo que nos dio a medio viaje y es que, imprimamos estas fotografías que estábamos tomando, las colgásemos y siempre que tuviéramos un mal día echáramos un vistazo a esos sitios maravillosos, que recordáramos la sensación que estábamos viviendo ahora y nos olvidáramos de los fútiles problemas humanos por un rato.

   

Sobre las 6 de la tarde hicimos la última parada, en un pueblo del que ya no recuerdo el nombre aunque no tenía demasiada importancia, solo eran una larga calle llena de comercios, allí fuimos al servicio público quienes lo necesitamos, bajo el pago de 30 céntimos que nos inquiría la mirada estoica de un funcionario que debió llegar tarde al reparto de responsabilidades. Compré un helado en un cono y paseé por las callejuelas, echando un vistazo a los diversos escaparates, fue gracioso cuando en una juguetería encontré una cuenta atrás para las navidades “150 días” por aquel entonces, los dueños debían estar muy desesperados por la crisis. Cuando volví al autobús el conductor nos esperaba con una pequeña botellita de Whisky de muestra, de esas que son chiquititas, para cada uno de los viajeros.

   

El último tramo de casi dos horas lo pase mayormente durmiendo, me desperté cuando el conductor habló de la leyenda de William Wallace y de las grandes diferencias entre la realidad y lo expuesto en la película de Braveheart. Si bien es cierto que fue el mayor luchador por la independencia de Escocia contra los ingleses y que murió torturado en una plaza inglesa, aunque eso fue después de volver de Francia, donde intentó buscar refuerzos, siendo posteriormente traicionado y entregado a los ingleses.

   

   

Antes de llegar a de nuevo a George Square, una mujer mayor empezó a recolectar una propina para el conductor, en un gorro con cabeza verde de lagarto. Yo puse unos cuantos euros y no fui el único, todo estábamos contentísimos con el servicio del simpático conductor, sus historias y su pasión al contarlas, al llegar al frente y tras aparcar le dio el gorro con toda la propina al chico, que no sabía como reaccionar ante esa situación y nos agradeció a todos enormemente el gesto.

Eran casi las 8, en el hotel pedí otra noche y subí a relajarme en la cómoda cama, mientras veía la ceremonia de apertura de los juegos olímpicos. A mi personalmente me encanto la ceremonia inaugural, esa representación del cambio de los tiempos, de la vida en el campo, del cambio a la era industrial, del forjado de los anillos incandescentes. Después ya me aburrió un poco lo de las enfermeras y los niños en las camas de hospital, pero volvió a animarse con la historia de la música. Me hizo especial gracia la coña de la reina que recogida por James Bond iba en helicóptero al estadio y se lanzaban ambos en paracaídas, aunque en el video fuera de día y los actores que se lanzaron en helicóptero lo hicieran en plena noche. Una coña final de Mr.Bean puso la guinda y empezó el larguísimo desfile de los 200 y tantos países que participarían en las olimpiadas, ahí ya desconecté y preparé mi ruta para los siguientes días, el próximo destino Edimburgo, no os perdáis la que para mi fue la ciudad más bella que he visitado hasta ahora.

 
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Publicado por en 8 de agosto de 2012 en 05. Escocia

 

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#20.- Glasgow y el inicio de las Olimpiadas.

Haciendo un poco de memoria de la entlerior entrada, recordaremos que venimos de un largo viaje de más de 24 horas y que apenas he tenido unos cortos momentos para dormir. Mi llegada a Glasgow a primera hora de Glasgow a primera hora de la mañana no fue motivo por el cual la estación o la ciudad estuviera vacía, ya se notaba bastante actividad en las calles comerciales de la segunda ciudad de Escocia y una de las más grandes de todo el Reino Unido.

   

Mi estómago, con sus propios horarios, me recordaba que ya iba siendo hora de “desayunar”, así que sin tener ningún rumbo en especial vagué hasta encontrar un Starbucks, principalmente motivado por saber que ahí tendría línea de wifi a la que conectarme. Mientras desayunaba buscaba un hostal libre en la red, sin embargo todo estaba ocupado, así que tuve que contentarme con un hotel, el Jury’s Inn, no muy lejos de ahí, pues total, habiendo ahorrado el precio de una estancia la noche anterior bien podía permitirme algo bien cómodo donde relajarme esa noche. No acabó ahí la cosa, pues reserve un tur en autobús para visitar al día siguiente el norte de escocia, las famosas “Highlands” y el lago Ness.

   

En cierto aspecto Glasgow tiene algo parecido a Barcelona, pues su centro se compone por una larga rambla que sube desde la estación de St.Enoch hasta Buchanan Street, aunque aquí 100% peatonal, que cruza de sur a norte hasta llegar cerca de George Square, como en Barcelona acabara en Plaza Cataluña. Bajando por una calle paralela a esta me encontré el Hotel Jury’s Inn a pie de río.

Desgraciadamente el check-in era a partir de las dos de la tarde, resignándome a otras 4-5 horas de batalla por las calles. Deje la mochila, haciéndome a la idea de que debía buscarme entretenimiento y que mejor que ir a visitar la ciudad en ese tiempo, el desayuno me había dado fuerzas, mientras que el embotamiento mental del breve sueño en el tren desde Carlisle ya había desaparecido.

   

Empecé a ascender la larga Rambla, reparando en algunos de los mapas que se apostaban por los laterales y indicaban las atracciones turísticas más interesantes de la zona y en un radio de unos 5 minutos andando. Principalmente todo son tiendas, pequeños centros comerciales y galerías.

   

Siempre había algún lugar donde detenerse a echar un ojo. En el Queen’s Square un gran pavo real de acero vestía la fachada del edificio, un poco más arriba en una tienda de ropa centenares de antiguas máquinas de coser adornan los escaparates. Las galerías transversales también invitan a ser visitadas a través de la arquitectura llena de arcos.

   

   

   

Una mujer mayor vestida de rosa y violeta me llamó la atención dirigiéndose hacia mí. Era una de las embajadoras de las olimpiadas, al parecer se realizaban unas de las primeras pruebas y actos en la misma ciudad de Glasgow, aún cuando la ceremonia de apertura era la noche siguiente. En el panfleto que me facilito ví que se disputaban una serie de partidos de el torneo olímpico de fútbol, tanto masculino como femenino, la tarde anterior fue el inaugural y ese mismo día continuaba con… ¡España!, me quedé alucinado al ver que la selección jugaba su primer partido esa misma tarde y en ese mismo lugar, con Japón como rival. Le pedí unas indicaciones a la mujer para saber que debía hacer para ir a verlo, no estaba muy convencido ni entusiasmado de primeras, ya que el cansancio se acumulaba, pero nunca se sabe.

   

En el mapa de la calle había visto que un poco más arriba a la derecha se encontraba una pequeña placita con el Museo de Arte Moderno de Glasgow. Frente a él una estatua luce coronada, bien adrede por el museo, o por acto de algún gamberro, por un brillante cono naranja de tráfico. El edificio interiormente se dividía en varias plantas, en la baja una gran sala oscura reproducía un documental extraño sobre oriente medio, la gente se sentaba en el suelo, apoyada en las columnas o donde pillaba.

   

Subiendo nos encontramos varias salas cerradas y un hueco interior que abarca toda la altura del edificio, allí “expuesto” e incrustado en las paredes se encuentra el “Peep Hole”, una especie de estancia de madera con varios agujeros “espía” que da a la gran sala de proyecciones del piso inferior, supuestamente el merito reside en que toda esa estancia se hizo a mano, forrada entera de madera cortada por el mismo autor que le dio forma, pero tampoco tenía nada especial. Como sabéis el arte moderno es raro raro, suelen ser absolutas chorradas en muchos casos, como por ejemplo en las exposiciones del piso 2, aquí os dejo la joya que más me impacto, un post-it con el mensaje “Just poppet out, back in 2 hours” utilizado en una performance del artista, el cual se sentó sin hacer nada con la estampita pegada en su frente durante ese periodo de tiempo… al juicio de cada uno lo dejo, yo me descojono. (Revisar también la exposición de arte de Cuenca en mi primer blog).

   

En el tercer piso se junta varias biografías, una audiovisual sobre una muchacha que creció en la Alemania nazi, otra de una fotógrafa con varios retratos y un espacio reservado a dos títeres famosos de un show local.

   

Salí de allí para continuar mi caminata por el centro. Me topé con un pequeño mapa tridimensional hecho en bronce de Glasgow. No muy lejos de allí encontré la George Square, el núcleo de la ciudad. En ella se levantaban su historia a base de estatuas, des las diferentes personalidades homenajeadas, un monumento honorífico de los héroes de la Guerra Mundial, hasta los recientes anillos de las olimpiadas de 2012.

   

   

En lo más alto de la rambla se encuentra el auditorio principal “Glasgow Royal Concert Hall” desviando la calle hacia la izquierda, seguido de multitud de centros comerciales. Ya llevaba varias horas dando una vuelta por el centro, paré a comer pero aún no llegaba la hora de dirigirme al hotel. En mi cabeza daba vueltas la idea del partido de futbol, pensé que sería una lastima desaprovechar la oportunidad teniendo en cuenta que nunca había asistido a ningún encuentro, siendo una ocasión de lujo para conocer de primera mano como se vive y además acudiendo a uno de los pocos eventos olímpicos a los que tendré acceso, por no decir el único.

   

De nuevo en la estación central de Glasgow un torrente de personas se arremolinaban en las direcciones indicadas por los muchos embajadores vestidos de camisa rosa/violeta y pantalones negros. El desplazamiento hasta la zona del estadio era gratuito, cosa que a mi personalmente me daba igual, pero es bueno saberlo. El tren debió sentirse solo después de vaciarse de los cientos de personas que lo llenábamos, la larga serpiente recorría las calles que subían y bajaban que separaban la estación del estadio. Una vez allí tuve que dar toda la vuelta a este para encontrar la zona de tickets, pero antes de entrar vino a mi mente una preocupación que no había tenido en cuenta, recordé que llevaba encima mi navaja suiza.

   

A las puertas me acerqué a hablar con un policía, le comenté mi situación, que no tenía previsto ir al estadio y llevaba encima la navajilla de marras, le pregunté si había algún lugar donde pudiera guardarla, alguna consigna o cualquier cosa, puesto que no quería meterla en el estadio y tampoco quería perderla. El hombre muy amablemente me dijo que por desgracia no había nada así y que no se le ocurría que podía hacer, únicamente me sugirió que la escondiera por alguno de los jardines de las casas vecinas, que ahí no miraba nadie y había bastantes huecos donde dejarla oculta. Tome su consejo, en uno de los terrarios escondí la navaja bajo unas matas que la ocultaban perfectamente. De vuelta a la entrada intercambié un guiño con el oficial.

   

Las entradas de los fondos costaban 20 libras, las esquinas 30 y los laterales 40. Me incliné por los fondos, no había zonas diferenciadas de seguidores españoles y japoneses, así que todos se mezclaban en un colorido estampado de camisetas rojas y azules. Encontrada mi zona, subzona, línea de asientos y asiento, descansé el culo. A mi lado una familia local con varios niños encantados de tener como visitantes a la selección tricampeona, evidentemente el público constaba de muchos escoceses, bastantes japoneses y un salpicado de españoles aquí y allá.

   

Ambas selecciones saltaron al terreno de juego para hacer los entrenamientos previos, se dividieron el campo quedándome más cerca los japoneses. El ambientes se iba caldeando, en una pantalla gigante al otro extremo del estadio se veían varios vídeos sensacionalistas sobre las olimpiadas, recortes de su historia, todo en tono épico. Entonces salieron las alineaciones de varios equipos… en España no había ni uno solo de los jugadores de las grandes competiciones, sino un montón de chavales de las canteras nacionales del cual el que más destacaba era el portero “De Gea”. Ya me olía yo que no saldría especialmente bien y más viendo la motivación de los japoneses, que desde el principio los veía aporreando tambores y animando al unísono a su equipo.

   

   

Momentos previos al partido un animador a pie de campo hacía intentos para que las gradas se marcaran una buena ola, los primeros dos o tres intentos fallaron al estrellarse contra la esquina derecha del fondo contrario, pero finalmente conseguimos que naciera y se escurriera por toda la circunferencia del estadio en 4 o 5 vueltas en las que salté y grite el “….uuuuuuoOOoOOOoOoEEEEEEEEEEEEHHHH!!!” como el resto de presentes a medida que se acercaba y saltábamos en nuestro turno. Fue muy divertido.

   

El estadio estaba ocupado por 37.700 personas, un 75% de su capacidad total de 50.000. Todos ellos empezaron a animar el partido en cuanto empezó. Debo decir que visto en primera persona no es tan espectacular como me lo imaginaba, es como una pachanga de barrio pero con mucha gente alrededor, evidentemente que no se nota una furia como sería la de un Barcelona-Madrid, pero aparte del ambiente las distancias no eran tan espectaculares como parecen por la televisión y la perspectiva de las porterías enfrentadas no hace que pierdas demasiada acción del juego. El portero japonés paso la primera parte a mis pies, haciéndome desear captar la pelota rebanando la red en una buena instantánea. Pero más allá de mis ilusiones, el partido estaba siendo un muermazo y para colmo al poco los nipones marcaron su tanto y a nosotros nos expulsaron a un jugador.

   

   

A partir de ese punto el silencio reinante del estadio solo roto por los tambores nipones fue también dispersado por las pocas voces españolas que entonábamos los cánticos y ritmos habituales. Por desgracia el poco peso y mala distribución de los aficionados de habla hispana hacía que no duraran mucho. Termino la primera parte y el sueño empezaba a cernirse sobre mi cabeza, tras el descanso De Gea hizo su nido en la portería más cercana pude ver unas cuantas buenas paradas del joven portero que no impidieron la derrota final de mi selección, a pesar de unos últimos 15 minutos más intensos.

   

El fiasco de España se notaba en las caras de los presentes, que esperaban ver a una selección dura y campeona, no un flan que cae ante una entusiasta Japón. Lo duro fue regresar, volví a por mi navaja suiza y desande el camino hasta la estación, pero no me imaginaba lo que se me vino encima. Las 37.700 personas salieron a la calle, inundando el barrio la policía montada hacía lo suyo por organizar a todos en una larguísima cola que debía extenderse más de un kilómetro, la gran mayoría esperando su turno en alguno de los tantos trenes que harían falta para llegar al centro de Glasgow. Yo aprovechando mi condición solitaria me “cole” en un trozo de la fila sin llamar la atención. No estaba demasiado lejos de la estación y pasaba de andar 15 minutos para encontrar el final del gusano humano.

No es la primera vez que tengo experiencias en largas colas así que os daré un consejo si sois un grupo reducido de personas para “colaros” y al menos saltarse tres cuartas partes de la espera. Debéis localizar una esquina o giro por donde la cola pase, os sentáis o relajáis cerca la cola pero sin formar parte de esta, en uno de los lados de la esquina para que los otros no os vean. Esperáis pacientemente a que los que os han visto venir avancen unos puestos, de modo que todos los que aparezcan por la esquina ya te hayan visto, entonces os incorporáis y os colocáis entre sus filas.

Tras unos 20 minutos de espera entré en el metro al centro de Glasgow, el trayecto suponía otros 15 y ya rozarían las 6 de la tarde cuando por fn lograra acomodarme dentro de mi habitación. Llegar a la habitación de Hotel tras tantos días de albergue es un gran lujo, tener una cama grande para ti solo, disfrutando de toalla, baño y ¡bañera!, cuanto hacía que no me daba un buen baño en agua caliente. Empecé a llenar la cuba mientras deshacía mi maleta y recargaba los aparatos electrónicos: móvil, portátil, cámara, 3DS,  e-book… El baño me sentó de lujo, ya no iba a salir más ese día, encendí la televisión y charle con amistades por Internet, acabando así esta entrada.

 
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Publicado por en 6 de agosto de 2012 en 05. Escocia

 

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